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PELENDONIA, IDENTIDAD Y CULTURA

 

Uno de los objetivos fundacionales de nuestra Asociación es es el de promover la edición de un manual en el que se reúnan y se pongan al día los trabajos que se han ido realizando en torno a nuestra historia y nuestra cultura. Un volumen, fácil de leer y de transmitir, en el que se analicen y se pongan al día todos los aspectos de una personalidad de la que somos herederos.

 

Desde esta página trataremos de coordinar trabajos y esfuerzos para recopilar toda la información necesaria y dar forma al proyecto. Agradecemos de antemano a todos nuestros colaboradores, y amigos, su atención.

 

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            - HISTORIA MEDIEVAL

 

 

TORRES, DESPOBLADOS Y NECRÓPOLIS

LOS YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS ALTOMEDIEVALES EN EL ALFOZ DE LARA

 

Alberto Bengoechea Molinero

Colectivo Arqueológico de Salas / Museo de Salas

 

 

 

 

Introducción

 

El presente congreso versa sobre la leyenda de los siete infantes de Lara. Los acontecimientos que transmite la leyenda transcurren en torno al siglo décimo de nuestra era, momento mítico en el que se está forjando la nación castellana. Sin embargo, para historiadores y arqueólogos esta ha sido una época oscura, desconocida, en la que a la parquedad de documentos escritos se añade la escasez de testimonios materiales que nos ilustren acerca de la vida de una sociedad en guerra.

 

Desde los lejanos estudios de Luciano Serrano, Pérez de Urbel o Sánchez Albornoz hasta los modernos trabajos de Martínez Díez, Peña Pérez, Ernesto Pastor, Álvarez Borge o Julio Escalona, el conocimiento histórico sobre los orígenes del condado castellano ha avanzado a pasos agigantados. No ha sucedido lo mismo con el conocimiento arqueológico, en parte por el lastre historiográfico, en parte por el propio desprecio de unos arqueólogos más interesados por la prehistoria, el mundo celtibérico o el mundo romano.

 

La Sierra burgalesa fue uno de los primeros territorios españoles donde se investigaron los yacimientos arqueológicos altomedievales, de la mano de investigadores catalanes seducidos por la espectacularidad de sus necrópolis excavadas en la roca. No obstante, el conocimiento que tenemos hoy en día de dichos yacimientos es prácticamente nulo, se ha avanzado muy poco por la falta de excavaciones rigurosas y la carencia de investigación.

 

La presente comunicación pretende presentar el “estado de la cuestión” en estos momentos y sugerir un camino para futuras investigaciones que iluminen la vida en la época y en la tierra de los infantes de Salas.

 

El marco geográfico

 

Para la presente comunicación hemos elegido el espacio del Alfoz de Lara por su evidente relación con la leyenda de los siete infantes de Lara o de Salas. En sentido estricto dicho espacio se ceñiría a la “civitas” altomedieval de Lara y su entorno inmediato. Sin embargo, hemos preferido recogerlo en su sentido más amplio, es decir, el de un territorio situado al sur de la sierra de la Demanda que abarca aproximadamente lo que hoy es el partido judicial de Salas de los Infantes, o lo que en la época en que transcurre la leyenda abarcaban el Alfoz de Lara propiamente dicho más el territorio de los alfoces de Barbadillo, Canales, Hontoria, Huerta, Tabladillo y la parte más oriental de los alfoces de Clunia y Ura.[1]

 

Territorio el de estos alfoces que comparte una evolución histórica similar a lo largo de los siglos, no en vano van a coincidir durante la Baja Edad Media con las llamadas “tierras del condestable en el sur”, centradas en torno a Salas de los Infantes. Este territorio también comparte unas características geográficas comunes que lo diferencian netamente de las llanuras del Duero. Los lugares de los que vamos a tratar muestran rasgos geográficos comunes, como una elevada altitud  en torno a los 1000 metros, un relieve montuoso cortado por desfiladeros y cañones, y un clima más fresco y húmedo que el de las grandes unidades geográficas circundantes, valles del Duero y del Ebro, en cierto modo más relacionado con las montañas cantábricas. Este carácter geográfico ha dotado a la zona de un cierto grado de marginalidad respecto a fenómenos como la romanización.[2]

 

El territorio elegido se encontraría entre los últimos pueblos de tierra de Lara al Oeste, como Los Ausines. Barbadillo de Herreros y Canales de la Sierra al Norte. Duruelo y San Leonardo al Este. La zona de Huerta del Rey y los Arauzos, lindando con Clunia, cierra el círculo al Sur.[3]

El estado de la cuestión

 

Tradicionalmente el mundo medieval ha sido el gran olvidado de la arqueología, el límite de las excavaciones lo constituía el periodo tardoantiguo, concretamente las necrópolis visigodas. El mundo altomedieval contaba además con un inconveniente  añadido; la supuesta “invisibilidad” de sus yacimientos.

 

Dentro de una práctica arqueológica obsesionada con la “monumentalidad” los despoblados e incluso los grupos de silos altomedievales pasaron inadvertidos, dedicándose los escasos esfuerzos a la excavación y estudio de las necrópolis. Al no excavar poblados ni fortificaciones las necrópolis quedaban descontextualizadas, siendo imposible la reconstrucción del paisaje medieval en toda su complejidad. Así, en el territorio del que nos ocupamos, los años 60 y 70 del pasado siglo contemplaron las excavaciones de los yacimientos serranos más llamativos como Palacios de la Sierra, Revenga, Cuyacabras o Duruelo.[4] Las necrópolis se interpretaron como resultado de la repoblación altomedieval sobre un mundo “desierto”, interpretación acorde con las teorías “despoblacionistas” en boga del momento. Alberto del Castillo intentó datar las necrópolis mediante la tipología de las tumbas excavadas en la roca, estableciendo una seriación aproximada en la que las de bañera serían las más antiguas, datándose en el siglo IX, posteriormente aparecerían las tumbas antropomorfas, más tardíamente éstas últimas se dotarían de reborde y canalillo de desagüe, la seriación continuaba con las tumbas antropomorfas en sarcófagos exentos y acababa con las tumbas de lajas, ya entrados en el siglo XI, que podían ir acompañadas de estelas discoides.

 

Las investigaciones actuales han demostrado que este esquema no es factible ni de general aplicación, tampoco es tan sencillo datar estos conjuntos ni clasificar la funcionalidad del yacimiento estrictamente. Las grandes obras públicas de estos últimos decenios han conllevado el auge de la “arqueología de gestión”, gracias al trabajo de esas empresas hemos conocido una realidad que se resistía a mostrarse y que es la presencia de numerosos y extensos yacimientos aldeanos con agricultura intensiva y ganadería estante, datados entre los siglos VI y VIII, en la Meseta Norte.[5] Estos descubrimientos desacreditan definitivamente las tesis despoblacionistas puestas en boga por Claudio Sánchez Albornoz y abren el camino a las investigaciones sobre los orígenes de la red aldeana, una red y una forma de vida que perduraron durante cientos de años y aparecen plenamente configurados en la décima centuria.

 

Lamentablemente la privatización que ha sufrido la gestión arqueológica durante estos últimos años, alejándola del control de la universidad, también ha provocado que la información sobre estos hallazgos fuese en muchas ocasiones incompleta o difícil de conseguir. Por fortuna los recientes congresos sobre arqueología medieval han tratado de obtener un todo coherente en el que se diluciden las interrelaciones entre centros de poder, aldeas, necrópolis, centros de culto, paisaje y evolución del conjunto. Destacan sobremanera las aportaciones de la Universidad del País Vasco dentro del proyecto titulado: “La génesis del paisaje medieval en el Norte Peninsular. Arqueología de las aldeas de los siglos V al XII”. Este proyecto ha demostrado la necesidad de excavaciones extensivas en los yacimientos alto medievales. En el caso alavés, muy semejante en cuanto a clima y paisaje a la zona que nos ocupa, la excavación de varios despoblados en extensión y profundidad ha permitido retrotraer hasta mediados del siglo octavo el proceso de configuración del paisaje medieval en el norte peninsular.[6]

 

En un primer momento las aldeas serían pequeños núcleos de casas construidas en tierra y madera techadas con cubierta vegetal como paja de centeno, ramas u otras, entre las casas se situaban espacios abiertos que pueden corresponder a eras o lugares de almacenaje. Las casas estarían asociadas, alineadas y distribuidas a distancias regulares. Estos núcleos se dedicaban al cultivo intensivo de cereales como el trigo y la cebada, poseyendo además una ganadería estante.

 

Posteriormente, a partir de los siglos X y XI, se construyen pequeñas iglesias alrededor de las cuales se sitúan las necrópolis y las casas de un poblado más grande y organizado, con “lotes” de solares y “calles”. Este proceso parece deberse a la emergencia de poderes locales, “maiores” o pequeña nobleza, e incluso a la influencia del poder condal, que empieza a estructurar el territorio al modo que van imponiendo las monarquías astur-leonesa o navarra. A finales del siglo XI se empiezan a utilizar paramentos de piedra en las viviendas y con el siglo XII llegan las cubiertas de teja, compactándose la estructura urbana de un modo semejante al de nuestros actuales pueblos. Entre los siglos XIII y XV estos lugares se habrían abandonado por diferentes motivos, transformándose en despoblados de los que solamente suele quedar una ermita como referencia de la antigua iglesia.

 

Paralelamente a estas excavaciones de espacios “domésticos” se han llevado a cabo numerosas excavaciones de castillos altomedievales como el de Peñaferruz en Asturias, el castillo de Camargo en Cantabria o los de Tedeja y Treviño en Burgos. En el castillo del collado en Camargo se ha documentado una torre cuadrangular construida con sillares irregulares rodeada por una muralla de mampostería de 2,5 metros de anchura y hornos de metal en su interior. En la excavación se hallaron los restos de un hogar, dos silos y numerosas puntas de flecha tubulares de hierro, también se hallaron ollas, jarras y abundantes restos de comida de variados animales domésticos y salvajes.[7] El castillo de Tedeja ha estado ocupado desde época tardorromana hasta época pleno medieval, la arqueología descubre ocupación en momentos que no refleja la documentación alto medieval.[8] El castillo de Treviño se construyó sobre una aldea alto medieval, destacando el gran tamaño de sus silos respecto a la etapa aldeana lo que parece reflejar una recogida del excedente de cereal de los alrededores por parte de las autoridades del recinto fortificado.[9]

 

No podemos acabar esta mención a las últimas investigaciones sin reparar en las excavaciones de los controvertidos yacimientos rupestres. En las Gobas de Laño (Treviño, Burgos) se encuentran trece cuevas, dos de ellas con funcionalidad litúrgica. La excavación en el exterior ha mostrado un espectro cronológico variado ya que habían sido usadas como espacio de habitación en el siglo séptimo y reutilizadas como espacio funerario entre los siglos IX y XI.[10]

 

En los últimos años también se ha puesto en duda la tradicional atribución a los siglos noveno y décimo de las necrópolis con tumbas excavadas en la roca. Los datos obtenidos en las excavaciones de Salamanca, Madrid o Segovia demuestran que su espectro cronológico es mucho más amplio y su complejidad mucho mayor de lo que se pensaba durante las primeras investigaciones.

 

Antecedentes históricos de la organización territorial en la zona

 

Durante el Bronce Final ya hay castros amurallados que organizan en torno a sí pequeños asentamientos de cabañas, podría ser el caso de Yecla o Mamblas en nuestra comarca, pero es durante la etapa celtibérica, en la segunda Edad del Hierro cuando realmente se construye una red de asentamientos jerarquizada. La zona serrana se atribuye últimamente al grupo pelendón, con varias ciudades no identificadas. Nuestra zona de estudio estaría controlada por los castros de Lara, Salas de los Infantes, Huerta de Abajo, Canales de la Sierra, San Leonardo, Hontoria del Pinar y, ya en zona arévaca, el Alto del Cuerno en Quintanarraya, probable sede de la Clunia celtibérica. En la alta sierra La Cerca no es un castro celtíbero aunque no descartamos la posibilidad de un yacimiento menor en Palacios de la Sierra o Canicosa. El yacimiento más importante en la zona serrana es Lara, dividido entre la Muela y Peñalara, controlando todo el suroeste de la sierra. El castro de Castrovido en Salas, ocupado desde la primera Edad del Hierro hasta la romanidad temprana, controlaba todo el valle medio del Arlanza y las vías de comunicación desde su estratégica posición. El castro de la Cabeza en Huerta de Abajo tiene unas potentes murallas  relacionadas seguramente con el control de las numerosas minas de Valdelaguna y el alto Pedroso, el mismo papel puede atribuirse al castro de Canales. Hontoria y San Leonardo controlarían el río Lobos, mientras el castro de Arauzo de Torre ejercería este papel en su valle. La zona de Silos estaría bajo la férula del castro de Quintanilla del Coco. El gran castro del Alto del Cuerno en Quintanarraya controlaría el territorio más amplio y más rico, ya en contacto con las llanuras de la Meseta. Estas pequeñas ciudades tuvieron granjas y establecimientos dependientes que la prospección todavía no ha descubierto.

 

El Imperio Romano supuso una ruptura con el mundo celtibérico. No creemos en la continuidad de ocupación en los castros durante este periodo pues los restos romanos encontrados en ellos son muy escasos y poco significativos, los yacimientos romanos tampoco muestran ocupación celtibérica bajo ellos. Pensamos más bien que Roma aprovecha esta jerarquización en su beneficio, trasladando los lugares de habitación a las proximidades y creando un nuevo patrón de poblamiento  centrado en torno a las vías de comunicación.[11]

 

En el esquema viario romano la zona de Lara es secundaria pues las grandes vías pasan al norte, como es el caso de la Asturica ab Burdigala siguiendo el curso del Arlanzón, o buscan el valle del Duero al sur de Clunia como la vía Asturica-Cesaraugusta por Uxama y Numantia. La red viaria de la zona se vertebra desde Clunia, capital del Conventus. Clunia establece una red radial de calzadas, ramales y caminos secundarios entre los espacios habitados del territorio, la mayoría de estos viales continúan en uso durante la Edad Media y algunos van a ser utilizados por los musulmanes durante sus terribles aceifas en la zona. Los llamados puentes romanos son en realidad puentes fabricados o restaurados en el siglo XVIII y las llamadas calzadas (caso de Salas de los Infantes) son en realidad vías construidas durante el siglo XVI para el tráfico mercantil de los arrieros, usadas también por los ganados merinos. Por eso nos inclinamos a creer que los caminos  romanos en la sierra responderían más al perfil de un tráfico arriero que carretero ya que en la comarca no se observan las grandes obras que requiere una calzada romana al uso.

 

La vía romana más importante cruzaría el alfoz de Lara de sur a norte dirigiéndose desde Clunia hasta Tritium Magallum (Tricio, La Rioja), ya en el valle del Ebro. Esta vía pasaría por el castro de Arauzo de Torre hacía Arauzo de Miel (villa del Pontón), Mamolar, llegando a la villa romana de Salas (tableros TAM) por el camino de Viajete o ruta del vino, bordeando el castro se dirigiría Arlanza arriba hasta pasar Terrazas donde abandonaría el curso del río cerca de la Cabeza de San Vicente (punto de control tardorromano) para cruzar Trasomo y seguir por Valdelaguna río Urría arriba hasta el campamento romano alto imperial de Vega, bajo el castro de la Cabeza. De Vega pasaría por Monterrubio hacia Canales (castro y yacimiento romano) y por Mansilla (yacimiento tardorromano), río Najerilla abajo, hasta Tricio.

 

También dirección norte tomaría la vía Clunia-Tritium Autrigonum. Desde los Arauzos cruzaría las estribaciones serranas por Briongos remontando el cauce del río Esgueva o Rebriongos hasta caer a Bariosuso y villa romana de Santa Cecilia o Tabladillo en Santibañez del Val, siguiendo el río Mataviejas arriba para cruzar desde Silos hasta la villa romana del alto de San Juan en Contreras. Cruzando el Arlanza por Barbadillo del Mercado buscaría Lara remontando el río San Martín o bien el río Valparaiso por la villa romana de Hortigüela. Aquí se uniría con el ramal proveniente de Covarrubias (punto de control romano en San Pedro de Arlanza). Otro ramal uniría esta vía con la de Salas pasando por la ermita del Amparo (villa romana y necrópolis hispano goda). Otros posibles ramales seguirían el cauce del Ura (Santibañez-Puentedura) o enlazarían Santibañez-Lerma por los castros de Quintanilla del Coco y Solarana.

 

También es posible que desde la villa romana de Salas partiese otra ruta hacia Numancia, la llamada por Luciano Serrano “ruta de los pelendones”. Esta ruta pasaría junto a un pequeño establecimiento romano inédito cerca de San Isidro en Salas, al lado de otro establecimiento inédito en Castrillo de la Reina y por la villa de Los Paredones en Palacios de la Sierra, desde allí por Vilviestre y Canicosa alcanzaría el río Ebrillos para acabar en el Duero. Esta ruta es la que siguen los infantes de Lara en la leyenda cuando van hacia la celada del val de Araviana. La ruta sigue el camino natural que siempre se ha utilizado para cruzar la Sierra de Este a Oeste. Desde Salas partirían los caminos que por Hontoria y Ucero llegaban hasta Uxama.

 

Las vías romanas vienen a confirmar el modelo de jerarquización de la Edad del Hierro pues Nova Augusta (Lara) y Salas seguirán figurando como lugares centrales en la comarca. Un patrón que en cierto modo se repetirá durante la Edad Media. La dinámica económica romana, más que la imposición militar, sustituye el patrón de poblamiento castreño por el patrón de poblamiento en llano, también se multiplica el número de asentamientos, aunque son de pequeñas dimensiones. Solamente las villas cercanas a Clunia, Quintanilla de las Viñas o Salas parecen ser algo más que meras granjas. Durante el alto imperio solamente ha cobijado una unidad militar el establecimiento de Vega, rodeado de murallas y con restos arqueológicos que reflejan la presencia legionaria.[12]

 

Vega repite el modelo de control del camino y de las minas del cercano yacimiento celtibérico de La Cabeza.

 

Durante el bajo imperio el mundo romano se ruraliza. Clunia pierde la capitalidad y la actividad en Lara parece desplazarse hacia los asentamientos de su entorno. La presencia de terra sigillata hispánica tardía demuestra que la mayoría de los yacimientos romanos continúan su actividad durante este periodo.[13] Quizás lo más llamativo de esta eclosión del régimen vilicario sea la aparición de numerosos alfares. La abundancia de madera para los hornos y de agua para las ricas arcillas de la zona facilita la creación de centros alfareros en Covarrubias, Valdarcos en Mecerreyes, El Cantarillón en Mambrillas de Lara o villa pajarada (inédito) en Huerta del Rey, en otros muchos lugares aparecen moldes de TSHT sin indicios de actividad alfarera.

 

Para controlar y proteger este esplendor agropecuario se construyen numerosos centros fortificados junto a las vías de comunicación, caso del extremo este de Peñalara, el Castillo de Mamblas, Peñadobe en Quintanalara, alto de Yecla en Silos,  el castro de Ura y, posiblemente, el Castillo en Palacios de la Sierra. Destaca el caso de la Cabeza de San Vicente en Monasterio de la Sierra, controlando la vía a Tricio, donde los restos arqueológicos abarcan una amplia cronología  que va desde los siglos IV al VIII, entre estos materiales destaca un hacha franca de combate. La Cabeza de San Vicente parece ser un claro antecedente de los castillos medievales.[14] Otros yacimientos que se citan repitiendo datos con más de medio siglo, caso de Castrillo o Rabanera, nos parecen muy dudosos. El campamento de Vega sí parece abandonarse pues no se encuentran materiales tardíos.

 

En el valle de Arlanza se reocupan algunas cuevas, esta reocupación parece deberse a la integración de los espacios marginales en la economía de los espacios más productivos y no a un retroceso cultural debido a la inseguridad, como en ocasiones se ha argumentado. El asentamiento temporal en cuevas puede reflejar la existencia de pequeñas comunidades que combinan agricultura con transterminancia, ésta ocupación también se da en el norte de Burgos y País Vasco, volviendo a aparecer en la Edad Media.

 

EL periodo visigodo, una transición al mundo medieval.

 

La irrupción de los pueblos germanos en Hispania significa el desapego definitivo hacia la administración y el estado romano. La tendencia hacia la ruralización se va a acentuar y el papel del estado a reducir. La monarquía visigoda no es capaz de ejercer un control exhaustivo sobre el territorio y los poderes locales van a gozar de cierta autonomía para organizarse.

 

La ciudad de Lara sigue manteniendo cierto carácter central pues en sus inmediaciones se construye el templo de Santa María de las Viñas sobre un establecimiento romano. El friso inferior que decora sus muros recuerda a obras emeritenses y toledanas, el superior tiene influencias bizantinas, éstas nos sugieren un mundo menos aislado de lo que pensábamos y la influencia de algún personaje local con poder y recursos. La obra quedó inconclusa y muchos autores se inclinan por encuadrarla a finales del siglo VII y comienzos del S.VIII.[15]

 

En estos momentos el estado visigodo comienza a disolverse, las aristocracias locales parecen ser las introductoras del cristianismo en el territorio, una introducción que sería lenta y desigual. Durante estos momentos de desestructuración muchas comunidades campesinas pudieron prosperar gracias a la relajación de las exacciones fiscales. No descartamos que alrededor de yacimientos bajoimperiales que posteriormente han tenido necrópolis hispanogodas o centros de culto puedan reencontrarse restos de estos loci o comunidades campesinas hispanogodas, caso de El Amparo en La Revilla o villa pajarada en Huerta del Rey donde aparecen fragmentos de jarra en pasta amarillenta decorados con incisiones onduladas. Recordemos que Saturio González encontró en los callejones de Yecla restos del poblamiento hispanogodo como herramientas del campo, enseres domésticos, etc. Es posible que en la Cabeza de San Vicente también exista una necrópolis y un poblado de esa época como es el caso de Aldaieta y otros yacimientos con fuerte presencia de armamento localizados en el corredor Vitoria-Pamplona.[16] Es posible que estos puntos fortificados con restos muy tardíos sean la sede de jefaturas locales.

Otra cuestión interesante la plantean los yacimientos rupestres tradicionalmente asignados al momento altomedieval, actualmente se cuestiona dicha cronología, que algunos autores retrotraen hasta época visigoda, especialmente en el caso de los eremitorios. La vida eremítica se extiende por occidente desde el imperio romano oriental y sus practicantes siempre sufrieron la crítica de la iglesia oficial. Mientras en el III Concilio de Toledo San Leandro relacionaba herejes y cavernas, San Millán era discípulo de un eremita y practicaba el eremitismo en la Demanda. Los eremitas gozaron del apoyo de las comunidades rurales y cenobios como los de Covarrubias, Peña Rota en Salas y La Cerca en Quintanar pudieron atraer a las gentes de sus alrededores. Las inscripciones grabadas en las paredes de las Gobas de Laño en Treviño aportan una cronología inicial del siglo VII. En nuestra zona no se descarta un emplazamiento eremítico en San Millán de Lara desde finales del siglo VII, al cual podría pertenecer el arco de herradura de la cueva, recolocado y retallado en época románica.[17]  En numerosos estudios se constatan tumbas excavadas en la roca con ajuares hispanogodos, significativamente en las de tipo trapezoidal.[18] En estas apreciaciones se basa Julio Escalona para una posible atribución visigoda del conjunto de Bañuelos en Palacios de la Sierra, con restos de un centro de culto, pilas y tumbas dobles de tipo trapezoidal. Lo mismo cabría decir de los conjuntos rupestres de La Cerca o Cueva Andrés donde algunas cruces esculpidas en la roca e incluso el conocido "arco mozárabe" de esta última podrían atribuirse al periodo visigodo. Debemos tener en cuenta que estos conjuntos han sido muy alterados por la extracción de piedra contemporánea.

 

Tenemos pues un mundo tardoantiguo cambiante donde, a tenor de la desestructuración del estado visigodo, están surgiendo unos usos socioeconómicos y unos patrones de poblamiento nuevos, más ligados al posterior mundo medieval que al desaparecido mundo clásico.

 

La Alta Edad Media en el Alfoz de Lara

 

El periodo altomedieval entronca con los orígenes míticos del condado castellano, por ello es muy conocido tanto por los trabajos historiográficos dedicados al nacimiento de Castilla como por las leyendas que enmarcan este periodo de guerras en un territorio fronterizo, caso de Fernán González o los siete infantes de Salas. La acción de los monasterios y las actuaciones condales comienzan a generar documentos sobre tierras y poblaciones. Sin embargo, los lugares menos afectados por este incipiente feudalismo adolecen de información escrita. Podemos añadir a la penuria documental las escasas excavaciones arqueológicas y la pobre información que ofrecen las llamativas necrópolis serranas.

 

Lara deja de ser un espacio marginal para convertirse en protagonista de la historia. Este territorio fronterizo se muestra durante la novena y décima centuria como una punta de lanza frente al islam a la vez que un espacio ocupado por una tupida malla de aldeas. Red aldeana que es el reflejo de la expansión económica de la unidad familiar campesina y acicate de la expansión castellana hacia el sur.

 

No conocemos prácticamente la red castellera del territorio. Podemos imaginar unos pequeños castillos tipo mota compuestos por una torre rodeada de una pequeña muralla o empalizada de madera y un foso. Estos castillos se adaptan a la orografía del terreno construyendo sus muros con material del entorno y un aparejo muy simple. Así pudo ser incluso el primitivo castillo condal ya que lo que hoy se ve en el Picón de Lara responde a una torre bajomedieval. El ejemplo más claro de estas primitivas fortificaciones lo tenemos en Peña Aguda (La Gallega). Labrados en la roca de su alto peñuco se observan numerosos rebajes y huecos labrados para encajar postes de madera, la roca se aprovechó como pared de una torre construida con mampostería de piedra en la parte baja y entramado de piedra y madera en los pisos superiores. Desde el lugar se ejerce un gran control visual de toda la Sierra. Parecida índole pudieron tener las torres de Ura, Castroceniza, Castrovido, Castrillo de la Reina, Huerta del Rey o Valdepez. De más porte parecen el castillo de Palacios de la Sierra y el de Huerta de Abajo, en ambos hubo una potente muralla con foso. El castillo de Hacinas conserva su base excavada en la roca, el término "campo los muertos" recuerda la batalla que cita a sus pies el poema de Fernán González. El torreón de Covarrubias es el más llamativo de los conservados, acorde con la importancia del lugar. Más que sus vanos con arco de herradura nos interesa recalcar su estructura de paredes inclinadas, similar a la de torres atribuidas al siglo décimo, como es el caso de Troncoso en Portugal.[19] Salas de los Infantes pudo ser cabeza de un pequeño alfoz no citado en las fuentes a tenor de lo que se desprende en su fuero apócrifo. La antigua "casa fuerte de Salas" o palacio de Gonzalo Gustioz pudo tener una estructura cuadrangular y protegerse con un foso, la zona era llana y pantanosa. la casa fuerte del condestable tuvo foso, puente y molino regado por el cauce molinar. La toponimia revela la existencia de otras muchas torres como es el caso de Torquemada o el barrio de Socastillo en Cabezón de la Sierra. Caso aparte lo constituye La Cerca en Quintanar de la Sierra, el conjunto rupestre se excavó bajo un posible castro de la 1ª Edad del Hierro cuyas murallas pudieron reutilizarse en la Alta Edad Media configurando la sede de una jefatura local, la cuestión sólo puede resolverse mediante una excavación ya que la prospección revela muy poco[20].

 

Estos castillos se sitúan en diferente lugar que los centros jerárquicos de etapas anteriores pero muy cercanos a ellos, cumpliendo un misión similar de control del espacio, así el castillo de Hontoria, después casa fuerte, se situó en un cerro al lado del castro celtíbero.

 

La Alta Edad Media contempla una eclosión de aldeas sin igual, nunca en la historia el territorio ha albergado tantas poblaciones. Gonzalo Martínez Díez en "pueblos y alfoces burgaleses de la repoblación" cita más de 100 despoblados en el alfoz de Lara y los alfoces de su entorno, despoblados a los que podemos añadir las actuales poblaciones con origen en estos momentos. Así, sólo 14 de 107 pueblos aparecen citados en los documentos del siglo X, sin embargo el número aumenta exponencialmente en el siglo XI, si en este siglo estaban constituidos plenamente su origen debe ser anterior. Lugares como Arroyo de Salas, Cabezón de la Sierra, Castrillo de la Reina, Palacios de la Sierra, Salas de los Infantes, San Millán de Lara o Terrazas son citados por vez primera en el siglo XII,  pero conservan restos anteriores, entre ellos tumbas antropomorfas excavadas en la roca. La Aldea del Pinar tiene este tipo de tumbas y es citada por vez primera en 1587, ese mismo año se cita a Mansilla, en el alfoz de Canales, con una ermita que conserva trazas prerrománicas y una necrópolis tardoantigua a sus pies. Los lugares más importantes y cabezas alfoceras como Lara, Salas, Covarrubias, Hontoria, Huerta, Ura o Tabladillo se van a situar sobre antiguos centros de poder o en sus inmediaciones, parecen basar parte de su importancia en dicha ascendencia, especialmente los asociados a "palatium" como Lara y Clunia, parece indicarlo así el propio nombre de Palacios de la Sierra, quizás originado por la antigua villa romana de Los Paredones, este es el caso del poder comarcal que logra el condestable al adquirir la "casa fuerte de Salas" que parece haber sido un antiguo palatium o residencia de las jerarquías locales.

 

También hay decenas de lugares nuevos, de pequeñas aldeas que no han tenido una existencia anterior y que nacen ahora como producto del crecimiento demográfico provocado por la expansión agrícola-pastoril. No descartamos la aportación de los pueblos del norte como demuestran muchos topónimos vascones en el entorno de Vizcaínos, los Barbadillos o Valdelaguna. Durante el siglo IX se dio el salto de las montañas cantábricas a la sierra de la Demanda, de un medio ambiente montañoso y húmedo a otro similar, poco después serán los serranos, a cargo de sus rebaños, quienes den el salto al sistema central donde fundarán numerosas poblaciones entre Segovia y Ávila. Por ello al estudiar las aldeas no sólo debemos tener en cuenta la red caminera heredada de Roma sino también su relación con las antiguas cañadas. Por ejemplo, los despoblados de Hornillos y Gozmediano se encuentran cerca de la "vía pelendona" pero también al lado de la cañada real segoviana. Santa Mª de la Vega o Beka junto a la vía Clunia-Tricio pero también cercana a la cañada que se dirigía hacia Lara. Así podríamos citar numerosos ejemplos.

 

En  muchas ocasiones los restos de antiguas ermitas o un topónimo con el nombre de un santo son el único indicador de una aldea desaparecida, en Canicosa no se cita ningún despoblado pero había más de siete ermitas. Esta sobreabundancia de iglesias puede indicar asimismo que el poblamiento no era concentrado sino que lugares como Lara podían estar divididos en barrios con cierta distancia entre sí. Salas de los Infantes aparece repartida ya en la Baja Edad Media entre los barrios de Costana, Santamaría, Jalón y Barriberas. El mismo caso se da en Castrillo de la Reina entre el Villar, Santiuste o la Muela. Los Ausines también aparece dividido en tres barrios, asimismo tenemos las tres Hortigüelas, etc. La mayoría de los investigadores coinciden en señalar a los siglos XI y XII como el momento en que se empieza a formar el poblamiento agrupado característico de nuestros días, algunas veces rodeado de murallas como en los casos de Covarrubias o Silos. En el alfoz de Lara las casas se construirían en las zonas más llanas con entramado de madera, adobe y encestado de barro, al modo de las aldeas excavadas en Álava, en las zonas más altas de la serranía se utilizaría mampostería de piedra y madera. Los restos son poco visibles debido a lo deleznable de los materiales en el caso del llano y a la reutilización de la piedra para construir los muros de los prados cercanos en los despoblados más montañosos, como se puede comprobar en los casos de Hornillos, Viguillas, Saelices o el Villar, en los alrededores de Castrillo de la Reina

 

Algunos despoblados como Olleruelos, cercano al antiguo centro alfarero romano de El Cantarillón parecen especializarse en producción cerámica, otros como Santiuste en ganadería, pero la mayoría se decantan por la agricultura de cereal. La ausencia de molinos de mano individuales en los yacimientos puede señalar la utilización de molinos de agua colectivos, algo ya indicado por la documentación. No creemos que estos poblados tuvieran cercas," peñas defensivas" o torres como indican antiguos excavadores para Revenga o Santiuste, mas bien pensamos que de haber tenido una cerca su función hubiera sido la de guardar el ganado, caso de Soncarazo, atribuido a la 1ª Edad del Hierro pero donde aparece cerámica gris torneada con incisiones paralelas y cruzadas que puede atribuirse al siglo IX por sus paralelos leoneses.[21] En Revenga y Talamanquilla también hemos encontrado estas producciones decoradas con ondulaciones hechas a peine. Son muy comunes los fragmentos de ollas y jarras con asa de cinta y base plana fabricadas a torno lento, con huellas de los dedos. Las formas son cerradas ya que las formas abiertas como los platos debieron ser de madera. Hasta el momento hay escasas noticias de silos en la zona, quizás no se han descubierto por la ausencia de obras de envergadura. En Retuerta un desmonte en el camino de Covarrubias dejó al descubierto varios silos, destacando los restos de una jarrita fabricada a torno pintada con líneas verticales paralelas en negro cerca de la boca y asa de cinta, otra jarra se encuentra en el museo de Salas procedente de la cueva de Santa Eugenia en Huerta de Abajo, hace tiempo atribuimos la última al siglo X[22], aunque los perfiles se prolongan en el tiempo. Al realizar obras para el depósito de agua de Huerta del Rey (sobre el antiguo castillo) apareció un pequeño jarrito de pasta gris realizado a torno. Las obras del pantano de Castrovido han destruido el despoblado de Torneros y han sacado a la luz numerosos fragmentos cerámicos de superficie rugosa y grueso desgrasante en Hornillos, los fondos son planos y los cuellos cortos, los labios redondeados y finos y las formas cerradas, con bordes rectos vueltos hacia el exterior, estas características se relacionan con las cerámicas altomedievales[23]. En todo caso, la cerámica aparece con escasez en la prospección superficial y los elementos más visibles de los despoblados siguen siendo iglesias y necrópolis.

 

Las iglesias suelen construirse en el lugar más alto, la aldea gira en torno a ellas y se agrupa a sus pies, aunque alguna pueda ser posterior a la fundación del lugar. Estas iglesias son parte fundamental de la estrategia feudal para controlar los excedentes del campesinado, de ahí su posición y la situación de silos en las cercanías o en el mismo edificio. Las iglesias de tipo condal son pequeños edificios rectangulares de cabecera cuadrada y aparejo que recuerda en su labra al visigodo, en algunos casos como el de San Pelayo en Arlanza la cabecera se cubre con una pequeña cúpula de toba menuda. Normalmente la cabecera se orienta al este, como se observa en Cuyacabras o Revenga, a veces se resalta un poco respecto a la nave, en Cuyacabras se conservan unos huecos laterales en los que pudo ir encajada una estructura de madera para separar a los fieles del sacerdote como suele ser corriente en el rito mozárabe. Algunas como la ermita de San Juan en Barbadillo del Mercado o La iglesia parroquial de Duruelo conservan vanos con arco de herradura, restos de celosías en piedra al estilo asturiano quedan en Santa Julita de Valdepez (Villaserracin) y en Vizcaínos, Revenga conserva un pequeño baptisterio circular excavado en la roca.

 

La torre de la iglesia pudo estar incluida en la fábrica del edificio como en los casos de Santa Cecilia (Tabladillo) en Santibañez del Val y San Millán de Lara, o bien estar exenta como en el caso de Tolbaños de Abajo. Muy llamativas son las arcadas ciegas que decoran el exterior de las cabeceras de Villavelayo, Canales y Monterrubio con arcos de medio punto o casi de herradura. Muchos de estos templos serán reformados y reconstruidos en estilo románico, añadiéndoles pórticos de piedra o madera como en el caso de Revenga. No descartamos la presencia de campanarios o torres de madera pues muchas iglesias del norte contaban con esos elementos.

 

En Iglesia Pinta, Villanueva de Carazo, Santamaría de Valdepez o la ermita de la Virgen del Carmen en Castrovido los muros de la cabecera delatan un origen prerrománico, para Félix Palomero la arqueología muraria indica que antes de cubrirse con bóveda de cañón estas iglesias pudieron tener bóvedas similares a la de San Pelayo en Arlanza[24]. El auge constructivo en época condal refleja un mundo en expansión alejado de la pobreza que tantas veces se arguye.

 

El elemento más llamativo de los yacimientos son las necrópolis excavadas en la roca, parece ser que las situadas alrededor de una iglesia reflejan un momento avanzado de la aldea, no anterior al siglo X. Como ya expusimos, establecer una secuencia cronológica a través de la tipología de las tumbas es muy arriesgado. Estas sólo nos permitan aproximaciones, como suponer que las sepulturas más cercanas al edificio son las más antiguas, con excepciones como las tumbas infantiles que se intentan acercar al presbiterio.[25]Parece ser que las tumbas más antiguas serían las de tipo bañera que coexisten con las antropomorfas y van desapareciendo a lo largo del tiempo. En momentos posteriores se esculpirían las tumbas antropomorfas en bloques aislados alejados de las iglesias, algunas con resalte en la cabecera. Más tardíos serían los tipos de sarcófago exento como en Nava (Palacios de la Sierra) y las de lajas que, en ocasiones, se superponen a las anteriores. Este esquema sigue en cierto modo las líneas marcadas por Alberto del Castillo y no creemos que pueda generalizarse a todas las necrópolis. De hecho hay tumbas de lajas en Santamaría de Valdepez y no hay tumbas antropomorfas, lo mismo sucede en otros lugares donde predomina la roca caliza sobre la arenisca como el alto Zanquiles en Pinilla de los Barruecos, La iglesia de Villanueva de Carazo, Santa Julita de Valdepez, etc. En todas las necrópolis se pueden observar agrupaciones familiares.

 

Ligada a la cuestión de la cronología de las necrópolis aparece la cuestión de la cronología de las estelas, muy problemática por cuanto la mayoría de ellas han aparecido fuera de contexto. Las estelas discoidales suelen atribuirse hoy día a escenarios plenomedievales, siglos XI y XII, coetáneos del arte románico.[26] Mayor debate producen las estelas con una forma menos definida y presencia epigráfica, es el caso de Palacios de la Sierra. Creemos que no se ha realizado un estudio epigráfico serio y se han dado interpretaciones fantasiosas, más cercanas al campo antropológico o etnológico que al arqueológico o histórico. La similitud entre estelas de Palacios y algunos ejemplares de Mansilla recogidos en el museo de Salas nos induce a pensar en cronologías tardoantiguas para estelas no discoidales con incisiones muy simples ya que en los dos lugares se documentan restos tardoantiguos. Los ejemplares palancianos tienen incisiones muy toscas e inseguras de gran semejanza con las de estelas altomedievales cántabras con incisiones muy sencillas de cruces griegas y nombres latinos en genitivo, están datadas entre los siglos VIII y X.[27] No creemos que entre ellas pueda haber estelas prerromanas pues las estelas palancianas no tienen ninguna similitud con las escasas estelas celtibéricas conocidas.

 

Similares interrogantes plantean los petroglifos de Revenga. Tradicionalmente se han ligado algunos grabados con el yacimiento altomedieval, como es evidente en el caso de las cruces (muy parecidas a las de Peña Salgüero en La Gallega) y el alquerque. Los grabados de manos nos recuerdan a grabados de origen beréber. Sin embargo, otros como las cazoletas, las huellas de animales o el jinete con brazos extendidos se han ligado a momentos prehistóricos, suponiendo la preexistencia de un lugar de culto. La distribución de grabados en las zonas de piedemonte según Gómez Barrera ambienta un sistema económico basado en el pastoreo y una agricultura marginal. Hasta el momento la cronología que se da a los grabados es muy amplia, desde la edad del bronce hasta la edad media, sin precisar una etapa concreta para cada uno.[28]

 

Conclusiones

 

Los yacimientos arqueológicos del Alfoz de Lara muestran que no hubo un despoblamiento entre la época visigoda y la alta edad media, lo corroboran la presencia de cerámica muy tardía en yacimientos considerados tradicionalmente tardorromanos y la abundancia y magnitud de las necrópolis serranas y eremitorios excavados en la roca. No obstante, faltan excavaciones arqueológicas que confirmen los datos obtenidos de las prospecciones o de la reinterpretación de las antiguas excavaciones protagonizadas por el P. Saturio o Alberto del Castillo.

 

La jerarquización y ordenación del territorio proviene de la Edad del Hierro, se mantiene durante la época romana y llega hasta la Edad Media. Los principales centros de poder medievales, principalmente Lara, Salas y Covarrubias, ya lo eran en momentos anteriores. Los centros de poder menores, caso de las cabeceras de alfoz, tienen en sus cercanías un castro importante, sustituido más tarde por un yacimiento romano de mayor importancia que los del entorno.

 

Aunque lugares como Lara muestran continuidad durante el periodo visigodo la tónica general para la alta edad media es una "explosión" de nuevas aldeas, esta abundancia responde a un modelo socioeconómico y cultural nuevo. Un modelo basado en la dialéctica entre las comunidades de aldea y los nacientes poderes feudales, modelo cuya cohesión es la religión cristiana. Así lo demuestra la situación preeminente de las iglesias en torno a las cuales se apiñan necrópolis y aldeas, iglesias que incluso acabarán superponiéndose a las antiguas torres defensivas.

 

Alberto Bengoechea

 

 


 

 

[1] Para Juan José García González las condiciones geográficas jugaron un papel decisivo en el medievo y no pueden ser excluidas del análisis histórico, en Castilla, una Historia de ida y vuelta, En plural, cuadernos burgaleses de cultura, nº 4. Burgos, 2001.

[2] A pesar de la cercanía de Clunia, capital del Conventus, y de la imbricación de Nova Augusta (Lara) en el territorio serrano, la pervivencia del indigenismo es muy fuerte en la comarca, como lo demuestra la escasa presencia romana en la zona de pinares y la epigrafía de rasgos célticos en Lara estudiada por J. A. Abásolo en Epigrafía romana de Lara de los Infantes, Burgos, 1974.

[3] Canales de la Sierra, Valdecanales y las cinco villas pertenecen actualmente a la comunidad de la Rioja pero desde el condado de Fernán González siempre estuvieron vinculados a Castilla, en G. Martínez Díez, Pueblos y alfoces burgaleses de la repoblación, Valladolid, 1987, p. 201. De hecho su vinculación con la sierra burgalesa se mantendrá durante toda la Edad Moderna gracias a las merinas.

[4] Castillo, A. del. Excavaciones alto medievales en las provincias de Soria, Logroño y Burgos, Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas. Madrid, 1972.

[5] Quirós Castillo, J. A et alii: “Arqueología de la Alta Edad Media en el cantábrico oriental“, en Actas del congreso medio siglo de arqueología en el cantábrico oriental y su entorno, p. 475. Vitoria, 2009.

[6] Quirós Castillo, J. A. “Arqueología de los despoblados en la llanada oriental alavesa. El caso de Zornoztegui (Salvatierra-Agurain)”. Actas del congreso 750 aniversario de la fundación de la villa de Salvatierra, Vitoria-Gasteiz (en prensa).

[7] Bohigas, R. “Evidencias de la actividad siderúrgica altomedieval en Cantabria: Los hornos del castillo de Camargo (Cantabria)”. 2001. Ayuntamiento de Camargo. Catálogo de monumentos propuestos para su declaración como B.I.L. en el municipio de Camargo.

[8] Bohigas, R. Lecanda, J. A. Ruiz Vélez, I, “Evolución de las formas y funciones de la arquitectura militar romana en el norte de Hispania: El caso de Tedeja”, en Separata das actas do 3º Congresso de Arqueología Peninsular Volume VI, Porto, ADECAP, 2000, pp. 557-567.

[9] V.V. A. A.  “Memoria de la primera campaña de excavación en el castillo de Treviño”, 2008, en www.arqueologíadelasaldeas.com/documentos/TRE.pdf.

[10] Azkarate Garai-Olaun, A. Solaun Bustinza, J. L. “Excavaciones arqueológicas en el exterior de los conjuntos rupestres de Las Gobas (Laño, Burgos). A. E. A, Madrid 2008, pp. 133-149.

[11] Solamente el castro de Castrovido en Salas ofrece unos pocos restos de sigillata alto imperial, creemos que insuficientes para hablar de continuidad.

[12] La gran estela discoide de tradición celtibérica y otra encontrada recientemente muestran la presencia de una importante necrópolis militar. En el museo de Salas se conserva un canto piqueteado con un numeral que hace referencia a una unidad legionaria.

[13] Así se refleja en la carta arqueológica comarcal y en los materiales del museo de Salas.

[14] El yacimiento esta siendo estudiado por Asier Pascual quien nos ha informado de la presencia de algún fragmento de cerámica pintada de tipo beréber.

[15] Escalona Monge, J. "Transformaciones sociales y organización del espacio en el alfoz de Lara en la alta edad media". Tesis doctoral U.C.M. Madrid 1995, pp. 265-273.

[16] Azkarate Garai-Olaun, A. "Necrópolis tardoantigua de Aldaieta" , en Memorias de Yacimientos alaveses, nº6, Vol. I. Vitoria, 1999.

[17] Escalona, J. Palomero, F y Reyes, F. "El monasterio de San Millán de Lara (Burgos). Notas para el replanteamiento de su trayectoria evolutiva en los siglos X-XII", en Annals de l'Institut d´Etudis Gironins, Vol XXXVIII. Girona, 1997. pp. 1361-1382.

[18] Reyes Téllez, F." Población y sociedad en el valle del Duero, Duratón y Riaza en la alta edad media, siglos VI al XI: Aspectos arqueológicos". Tesis Doctoral U.C.M. Madrid, 2002.

[19] Gouveia, J. Pontes, M.L.  "Castelos  Portugueses". Instituto Portugués do Património Arquitectónico. Lisboa, 2002. pp. 7-8.

[20] Solamente conocemos otro despoblado medieval con parte de muralla en la zona, San Andrés en Castrovido.

[21] Gutiérrez, J.A. Hernández, F.M. "La cerámica altomedieval en León: producciones locales y andalusíes de Puerta Obispo", en Actas del 8 Congreso Internacional de Cerámica Medieval, I. Ciudad Real, 2009. pp. 443-462.

[22]  Bengoechea, A. "La colección arqueológica del museo de Salas, nuevas aportaciones al conocimiento arqueológico del sureste burgalés", en Silos, un milenio, Actas del Congreso Internacional sobre la  abadía de Santo Domingo de Silos II. Burgos, 2003. pp.436-438.

[23] Menéndez Robles, M. L. "Cerámicas altomedievales en el valle del Duero: el ejemplo burgalés", en Burgos en la Alta Edad Media. II Jornadas burgalesas de Historia. Burgos, 1991. pp. 463-465.

[24] Palomero, Félix."Arte medieval en la Rioja: Prerrománico y románico", en  VIII jornadas de arte y patrimonio regional. Actas IER, Gobierno de la Rioja, p. 126.

[25] Padilla, J.I. Rueda. K.A." El despoblado medieval de Cuyacabras (Burgos): Realidad, principios y argumentos". En Acta Histórica et Archaeológica mediaevalia", vol. 29. 2008. pp. 575-604.

[26] Casa de la, C. "Estelas funerarias medievales II". E. A. E, Tiermes II, Ministerio de Cultura. Madrid, 1984, p.506.

[27] Vega Latorre, J. R. "Aspectos onomásticos y epigráficos de las estelas altomedievales cántabras". Euskoikaskuntza. Cuadernos de Sección. Antropología-Etnografía 10. 1994. pp. 297-316.

[28] Gómez Barrera, J. A. "Contribución al estudio de los grabados rupestres postpaleolíticos de la Península Ibérica: Las manifestaciones del Alto Duero." Espacio, Tiempo, Forma, serie I, Prehistoria y Arqueología IV, 1991. pp. 241-268.

 

 

 A. Bengoechea

 

 

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